Summary of the book: The Sefer Hajinuj enumerates the Tariag Mitzvot, the 613 precepts given to the people of Israel, in the same order in which they are presented in the Torah. Our Torah leaders throughout the generations have emphasize the importance of familiarizing oneself with the 613 mitzvot; such as a pomegranate is full of seeds, so too a Jew must be full of good deeds.
Each mitzva is illustrated with an appropriate story regarding its fulfillment or its meaning. The reader finds Chassidic Rebbes and great Roshei Yeshivot, Talmud Sages and the simple and pious Jews of Europe. These stories, which are addressed to both children and adults, give the reader a greater knowledge and appreciation of the 613 mitzvot that Hashem has given us. 613 stories is a book that can be read and enjoyed over and over.
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PRECEPTOS POSITIVOS 115
Korban Ola
En el año 5667 (1907) toda la judería europea quedó electrificada por la increíble noticia. ¿Era cierto? Después de tanto siglos, ¡un manuscrito del tratado de Kodashim del Talmud Ierushalmi había salido a la luz!.
En los años que siguieron a la destrucción del Beit Hamikdash, los sabios de Babel y los sabios de Jerusalén habían trabajado para crear el Talmud con la intención de evitar la pérdida de la Torá en Israel. Mientras que el Talmud de Babel fue preservado en su totalidad, algunos de los volúmenes del Talmud Ierushalmi se habían perdido durante la época de los Rishonim ‹incluyendo Kodashim, la sección que trata de los korbanot en el Beit Hamikdash. Ahora, ochocientos años después, surgía una nueva y dorada oportunidad. Con una copia manuscrita, los líderes de la generación podrían reimprimir el volumen perdido ¡y posibilitar que volviera a ser estudiado!.
Todo comenzó cuando un hombre extraño apareció ante los sabios de Torá de Europa, vestido como judío sefardí y hablando un fluido Lashon Hakodesh (Lengua Santa-el hebreo bíblico) con un fuerte acento sefardí. Se presentó como Shlomó Sat, un Jajam del Medio Oriente. Claramente era un hombre piadoso; usaba dos pares de tefilín, los de Rashi y los de Rabeinu Tam. Su asombrosa historia parecía mostrar la abierta Mano de la Providencia, manejando de tal forma los eventos que permitía a los judíos de Europa poseer el precioso tratado perdido.
Los líderes de Torá lo interrogaron cuidadosamente, investigando cada detalle. A pesar de su ansiedad y excitación ante la idea de tener una copia del tratado de Kedoshim del Ierushalmi, querían estar seguros de que la historia era cierta y que el tratado era realmente una copia fiel del que se había perdido tantos siglos antes.
³Todo comenzó ocho años atrás, cuando estaba dedicado a mis estudios del Talmud Ierushalmi y en la redacción de mi comentario, Joshen Shlomó² explicó el hombre. ³En esa época recibí un paquete de mi hermano Eliahu, quien vive en la ciudad de Izmir. Sabía que yo estaba trabajando en un comentario y había encontrado algo que pensaba que me podía servir de ayuda. Recientemente había adquirido varios libros viejos que originalmente habían pertenecido al autor del Sdei Ieoshua, quien era hermano del autor del Knesset Haguedolá.
Esperando que me fueran útiles, me los había enviado.
³Realmente era un verdadero tesoro lleno de manuscritos de siglos de antigüedad. Pero pueden imaginarse mi asombro cuando descubrí entre los otros libros ¡una copia manuscrita del Talmud Ierushalmi! Abrí el precioso volumen con manos temblorosas y descubrí varias cartas antiguas que explicaban como la rara copia había llegado a manos del autor del Knesset Haguedolá, y eventualmente había llegado a mí.
³Un hombre llamado Don Abraham, uno de los marranos de Portugal, había logrado escapar de la Inquisición. Avergonzado por su ignorancia y los pecados que había cometido a la sombra de la Iglesia, se acercó al Sdei Ieoshua y le rogó que lo ayudara a volver al verdadero camino del judaísmo. El Sdei Ieoshua pasó pacientemente muchas horas instruyendo a Don Abraham y enseñándole nuestra preciosa herencia. Cuando Don Abraham se reintegró completamente a la sociedad judía, demostró su agradecimiento obsequiando al Sdei Ieoshua una cantidad de manuscritos de libros centenarios raros y valiosos.
³Explicó que había recibido las preciosas obras como herencia de un antiguo hereje judío, un hombre que había vuelto la espalda a su propia herencia y se había convertido voluntariamente al cristianismo. El hereje se había elevado rápidamente dentro de las jerarquías de la Iglesia, logrando un alto cargo como sacerdote; aparentemente había confiscado los preciosos manuscritos a una de las desdichadas víctimas de la cruel Inquisición. Cuando Don Abraham descubrió los numerosos libros entre los papeles del hereje, los ocultó para evitar que fueran profanados por los otros miembros de la Iglesia. Ahora que estaba seguro fuera de Portugal y habiendo retornado a su verdadero lugar entre su pueblo, Don Abraham había decidido darle los invaluables manuscritos al Sdei Ieoshua.
³El gran Rab leyó los diversos manuscritos y pronto descubrió el inapreciable volumen del Talmud Ierushalmi sobre Kodashim, ¡un manuscrito que hasta ahora nunca había sido encontrado!².
Los sabios repasaron cuidadosamente la historia del Jajam. Parecía legítima. Finalmente, después de intensos interrogatorios y exámenes, los alegres sabios de la Torá dieron su aprobación al precioso volumen. ¡Al fin podrían estudiar apropiadamente las leyes de los korbanot como habían sido detalladas por los sabios del
Talmud Ierushalmi!.
Pero cuando los primeros volúmenes del valioso tratado fueron publicados y arrebatados por los ansiosos estudiosos, se comenzaron a suscitar dudas. Aquellos que estaban bien familiarizados con los otros volúmenes del Talmud Ierushalmi, comenzaron a asombrarse con las extrañas discrepancias y aparentes deficiencias que se presentaban en el tratado. Se despertaron sospechas mientras varios grandes sabios de la Torá, liderados por el Gaón Rabí Meir Dan, comenzaron a preguntarse si en realidad Shlomó Sat no había escrito él mismo el tratado.
Cuando lo presionaron para que les diera una oportunidad de ver el manuscrito original nuevamente para poder estudiar sus orígenes, el Jajam dio varias excusas. El precioso manuscrito era muy viejo y frágil; ni bien lo habían aprobado y hecho la copia para editarlo, se lo había enviado de vuelta a su propietario. Esto solo despertó más sospechas. Shlomó Sat envió una parte del ³antiguo manuscrito² a los líderes de la generación como prueba de su historia, pero una cuidadosa inspección probó que no era tan viejo como el hombre afirmaba. Por orden de los sabios se detuvo la edición, hasta que el tema fuera investigado a su entera satisfacción. Aquellos que observaban de cerca a Shlomó Sat vieron que la máscara comenzaba a caer...
Al fin el hombre sucumbió a la implacable presión y a la investigación. ¡Toda la historia era falsa! El hombre ni siquiera era un judío sefardí. Su verdadero nombre era Shlomó Friedlander, un judío de Alemania. Él mismo había escrito el tratado e intentado embaucar a todo el pueblo para que lo aceptara como el verdadero tratado Kodashim.
A medida que más y más detalles salían a la luz, se hizo evidente que Friedlander siempre había sido un astuto embaucador, aun en su infancia. Aquellos que lo conocían recordaban como constantemente hacía mal uso de la brillante mente que Hashem le había dado, para engañar y defraudar a los otros. Había una larga, dolorosa historia de agravios pasados de naturaleza similar, pero nada de esta escala.
A pesar de los intentos de Friedlander por introducir su propia ³versión² del Talmud entre la judería europea, la Torá permaneció como siempre, eternamente verdadera e intacta. Los pocos libros que habían sido impresos fueron ocultados, y hoy la ³versión² de Kodashim del Talmud Ierushalmi de Friedlander, sólo puede ser encontrada en museos de libros, entre otras curiosidades. ¡Todos los estafadores y charlatanes del mundo no pueden provocar una brecha en la santa Torá de Israel!.
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